lunes, 15 de noviembre de 2010

[La muerte del Conquistador] / RETRATO FAMILIAR


Mirábamos la calle coloreada,
forzando al minutero, engañando a tu madre.
El juego, las balas, el mando cambiándonos de roles de condición.

Niños jugando a ser soldados. Caías, revolcabas tu suerte en el pasillo
Enlazaba mi brazo a tu cuello vencido.
Moría la tarde, con el sonido de un motor que se apaga.
Lanzando los controles, volando sobre las escaleras;
gritando mi padre en la mesa.
Un cuaderno tembloroso,
trazando líneas o formando círculos,
coloreando héroes.

Volaste lejos, justo cuando el sol apuntaba nuestro pasillo,
maderos cargados y regados por el campo de batalla
el minutero en su lugar.
No estalló ninguna bomba ni mi casco rodó entre tus piernas.
No orinaste más tu pantalón de lana. No vi tus ojos partidos seguir viviendo.

Eras quien coloreaba las calles.
Una bola de fuego te llevó a ese tubo degradante.
Te lloré primo mío, porque fuiste
como los héroes que coloreábamos. Porque pintabas las calles de respeto,
de verde bosque.

viernes, 5 de noviembre de 2010

[Exacta Concepción] // RETRATO FAMILIAR


Mi dulce abuela, encuentra en mí el renacer de sus días
piensa que estoy ajustando sus botas, apretando su lampa.

[Dominando los ovillos] // RETRATO FAMILIAR



Deshacía la madeja maldiciendo, maldiciendo al cielo.
Mis manos pequeñas capturaban lo que fuera tu pan.
¿Cuándo volverá papá de Lima? - Alejandrina lloraba su ausencia.
Meditabas bajo ese cielo inmenso; ¿cuándo aprendiste a dominar la lampa,
cuándo un surco era el pan, cuándo un sol significaba final de una jornada?

¿Otras sábanas cubren a papá? - Alejandrina llora cabeza gacha.
En la obra riega al cemento, siembra él varías de tantas pulgadas.
Lima oscura y lejana. El pan aquí se transforma en aserrín barrido por tu escoba
no apagas más mecheros.
Las noches son largas porque papá está hechizado. Porque Alejandrina no puede escribir, sólo cuenta horas y soles que caen de tejidos, de madejas hecho ovillos.

Sufriste tu tiempo, tu niñez corta. La tierra te citaba padre.
Lima esperaba tus brazos fuertes. Mi madre observaba tus ojos tristes.
Tú nunca te fuiste, y yo te amé.




[Confusa mirada] // RETRATO FAMILIAR


De un vaso se derrama tibia agua
sobre mi palma herida.
Manto cubriendo mi tronco huesudo,
mano que acaricia mis cabellos.

Tu mirada perdida en el techo monocromo
divagando sobre mis pasos futuros,
atenta al teléfono, atenta a mi casa vacía.

Permíteme devolverte la gracia, el agua tibia.
Concederte mi tiempo entero,
cuidar de tu garganta abultada.
Proveeré de silencio, disiparé la oscuridad de tu escalera.
No habrá motivo para volver a pensar lo pensado.

Cielo quejumbroso, retiraste la luz del camino seguro.



[Elogio a una tía nómada] // RETRATO FAMILIAR

Gritar a los cielos extensos. Gritar tu nombre detrás de la puerta.
Tus pasos cortos, brincaban gradas que vibran, canta;
son breves los días de sol en nuestra cara.

Aderezas en las ollas.
Una foto en el verde manto de Cajamarca,
el mote cayendo de tus manos abundante.
Viajaste lejos, a muchos lamentos. A varios años perro.

Mis ojos abiertos a estas calles coloreadas,
cuerpo extendido al barro encharcado en estos recuerdos
diluidos en el presente, en un norte perdido.
Ahuyenta los males que rodean nuestros horizontes.

[El día en que transformé a mi hermana] // RETRATO FAMILIAR



Apareciste por las tardes de julio.
Engañada / burlada / reconocida.


Buscaste.
Encontraste la sombra residual de mis amores
de las noches candentes entre sangre, entre raza, entre familia.

Fuiste conciente de nuestra ubicación,
de las mañanas deportivas
esas interminables correrías y
-aquellos besos compinches de enojo y sabor a hierba-
la inusual embestida, mi camiseta adornada de residuos vegetales.
Aún retumban los gemidos del parque al frente del bodegón.


-“Ponte bien los zapatos”-
Nunca supiste entender.
Fuiste loba en celo, que inexpertamente intenté aplacar.
Confinados a nuestros lechos.
Compartimos el fragor de la batalla solitaria
al golpe vagabundo de nuestros sueños sediciosos.
El pago indiscutible por el descuido
la cancelación de nuestras noches, inevitablemente oscuras.


miércoles, 30 de junio de 2010

[Dominando los ovillos]



A mi padre.

Deshacía la madeja maldiciendo, maldiciendo al cielo.
Mis manos pequeñas capturaban lo que fuera tu pan.
En tus ojos observé la delgadez de esos tiempos,
de los cuadernos encajonados.
¿Cuándo volverá papá de Lima? - Alejandrina lloraba su ausencia.
Meditabas bajo ese cielo inmenso; ¿cuándo aprendiste a dominar la lampa,
cuándo un surco era el pan, cuándo un sol significaba final de una jornada?

¿Otras sábanas cubren a papá? - Alejandrina llora cabeza gacha.
En la obra riega al cemento, siembra él varías de tantas pulgadas.
Lima oscura y lejana. El pan aquí se transforma en aserrín barrido por tu escoba
no apagas más mecheros.
Las noches son largas porque papá está hechizado. Porque Alejandrina no puede escribir, sólo cuenta horas y soles que caen de tejidos, de madejas hecho ovillos.

Sufriste tu tiempo, tu niñez corta. La tierra te citaba padre.
Lima esperaba tus brazos fuertes. Mi madre observaba tus ojos tristes.
Tú nunca te fuiste, y yo te amé.